Reflexión sobre la Paz inspirada en un dibujo de Pablo Picasso.

lunes, 20 de abril de 2026

La sardana, danza que dibuja círculos humanos en plazas y calles de Cataluña, puede leerse como una metáfora viva de la Paz. No es sólo un baile: es una manera de estar juntos, de escucharnos y de construir, paso a paso, una armonía compartida. Cuando se forma el corro, nadie está en el centro ni en la periferia: todos ocupan el mismo sitio simbólico. Esta igualdad es el primer gesto de Paz. Las manos que se entrelazan no preguntan de dónde vienes ni quién eres; simplemente acogen. En uno mundo a menudo fragmentado, la sardana propone una comunidad sin jerarquías, donde cada persona es imprescindible para que el círculo no se rompa.

El ritmo de la música -medido, constante, con momentos de intensidad y de calma- nos recuerda que la convivencia también necesita tempo. La Paz no es un estado estático, sino uno proceso que se aprende y sazona con el tiempo. Los cortos y largos de la sardana exigen atención y coordinación: si alguien se acelera o se retrasa, el grupo lo siente. Así también, la Paz requiere escucha activa y ajuste mutuo, la capacidad de sincronizarnos con los demás sin anularnos.

Existe además un lenguaje silencioso en la sardana. Sin palabras, los cuerpos dialogan: una presión suave de las manos, una mirada, una sonrisa compartida. Esta comunicación discreta evoca la confianza, un ingrediente esencial de la Paz. No hace falta imponerse; basta con estar, atento y presente, para que el conjunto funcione.

La sardana también enseña la responsabilidad colectiva. El círculo sólo se mantiene si cada uno cumple su papel, pero ese papel no es individualista: es relacional. Cada paso es una contribución al bien común. Cuando el grupo se mueve con coherencia, aparece una belleza que no pertenece a nadie en particular, sino a todos a la vez. Esta belleza es la imagen de la Paz: una obra compartida, frágil pero potente, construida entre todos.

Por último, la sardana está abierta. Siempre hay sitio para una mano más. Esta apertura es una invitación constante a ampliar el círculo, a integrar la diferencia y a convertirla en parte de la armonía. La Paz, como la sardana, crece cuando se ensancha.

Quizá por eso, cuando un círculo gira en la plaza, no sólo vemos un baile: reconocemos en él una forma de vivir. Un recordatorio de que la Paz no es lejana ni abstracta, sino cotidiana y posible, si somos capaces de cogernos de las manos y avanzar juntos al mismo compás.

Firmado,

El Rotary Club d'El Prat

La sardana, danza que dibuja círculos humanos en plazas y calles de Cataluña, puede leerse como una metáfora viva de la Paz.